sábado, 20 de octubre de 2012

Infinidad


¿Sensibilidad? Sí, eso es lo que generó aquel atardecer en mí. El sol con su color amarillo difuso indicaba que estaba a punto de ocultarse; este contrastaba con el color del mar, no era azul, realmente no lo era, ya que el amarillo del sol opacaba el color del mar… el sol tenía todas las de ganar, aunque el mar se mostrara de manera imponente e infinita. El horizonte nunca ha sido límite para las aguas del mar, ha sido el límite, definido por los seres humanos para nuestros ojos que no pueden ver más allá de lo que hay entre la playa y ese horizonte imaginario.

Mientras el sol seguía ocultándose, las olas del mar golpeaban con mayor intensidad, parecía además que el agua se hacía más turbia y fría, como si con el sol se marchara la magnificencia y tranquilidad que en un día caluroso genera en el observador. Al final, la noche llegó, como siempre, desolante y tenebrosa, manifestada ante mis ojos en su contraste de grises. 

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